25 discos favoritos de 2016

25. Joana Serrat. Cross The Verge.

Track favorito: Lonely Heart Reverb.

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  1. Night School. Blush.

Track favorito: These Times.

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  1. Beach Baby. No Mind No Money.

Track favorito: U R.

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  1. Holy Wave. Freaks Of Nurture.

Track favorito: She Put A Seed In My Ear.

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  1. Hinds. Leave Me Alone.

Track favorito: Chili Town.

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  1. Flyying Colours. Mindfullness.

Track favorito: Long Holiday.

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  1. Sunflower Bean. Human Ceremony.

Track favorito: Easier Said.

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  1. Black Marble. Its Immaterial.

Track favorito: Woods.

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  1. Motorama. Dialogues.

Track favorito: Tell me.

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  1. DIIV. Is the Is Are.

Track favorito: Under The Sun.

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  1. Warpaint. Heads Up.

Track favorito: Whiteout.

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  1. Bolywool. Hymnals & Bombs.

Track favorito: Stromness (Under Cold Skies).

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  1. Barrie-James O’Neill. Cold Coffee.

Track favorito: See Her Smiling.

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  1. Crystal Castles. Amnesty (I).

Track favorito: Fleece.

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  1. Marissa Nadler. Strangers.

Track favorito: Katie I Know.

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  1. James Blake. The Colour In Anything.

Track favorito: I Need A Forest Fire (ft. Bon Iver).

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  1. PJ Harvey. The Hope Six Demolition Project.

Track favorito: The Wheel.

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  1. Joseph Arthur. The Family.

Track favorito: Wishing Well.

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  1. ANOHNI. Hopelessness.

Track favorito: Drone Bomb Me.

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  1. Nothing. Tired Of Tomorrow.

Track favorito: Everyone Is Happy.

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  1. Local Natives. Sunlit Youth.

Track favorito: Past Lives.

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  1. Whitney. Light Upon the Lake.

Track favorito: No Woman.

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  1. David Bowie. Blackstar.

Track favorito: Lazarus.

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  1. Radiohead. A Moon Shaped Pool.

Track favorito: Burn The Witch.

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  1. Leonard Cohen. You Want It Darker.

Track favorito: You Want It Darker.

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105 Canciones de 2016

Forest Frontier. Skidoo.

Charlie Hilton. 100 Million (ft. Mac DeMarco).

DIIV. Under The Sun.

Diamond Thug. Long Way.

Goldensuns. I Feel This Place.

Bec Sandridge. In The Fog, In The Flame.

Seth Bogart. Forgotten Fantazy.

Day Wave. Gone.

Memoryhouse. Sarah.

Day Wave. Stuck.

Whitney. No Woman.

Summer Heart. The Forbidden.

L.A. Girlfriend. Swoon.

Pinkshinyultrablast. The Cherry Pit.

Castlebeat. Face On The Wall.

Local Natives. Past Lives.

Marissa Nadler. Katie I Know.

Floor Cry. The Sickness.

Few Bits. Anyone Else.

Honeymilk. Time Will Kill You.

Still Parade. Walk In The Park.

Tennis. Ladies Don’t Play Guitar.

Local Natives. Fountain of Youth.

Mercury Girls. Holly.

The Parrots. No Me Gustas, Te Quiero.

Terno Rei. Sinais.

Infinity Crush. Drowning Here With All My Friends.

Molly Burch. Downhearted.

How To Dress Well. What’s Up.

Tape Waves. So Fast.

Gurr. Walnuts.

FEW BITS. Summer Sun.

Twist. Where To Lie.

Temples. Certainty.

Hazel English. Control.

HINDS. Holograma.

VedeTT. Temple.

Hazel English. Make It Better.

Leonard Cohen. You Want It Darker.

Magana. Inches Apart.

Black Marble. Woods.

Radiohead. Burn The Witch.

David Bowie. Lazarus.

Nothing. Everyone Is Happy.

ANOHNI. Drone Bomb Me.

Joseph Arthur. Wishing Well.

PJ Harvey. The Wheel.

James Blake. I Need A Forest Fire (ft. Bon Iver).

Crystal Castles. Fleece.

Barrie-James O’Neill. See Her Smiling.

Bolywool. Stromness (Under Cold Skies).

Warpaint. Whiteout.

Motorama. Tell me.

Animal Collective. FloriDada.

Flyying Colours. Long Holiday.

Hola A Todo El Mundo. Future Graves.

Holy Wave. She Put A Seed In My Ear.

Beach Baby. U R.

Night School. These Times.

Joana Serrat. Lonely Heart Reverb.

Sunflower Bean. Easier Said.

Benjamin Biolay. Miss Miss.

Big Deal. Hold Your Fire.

Bloc Party. The Love Within.

Cate Le Bon. Wonderful.

Cats Eyes. Drag.

Elysian Fields. Shadow Of The Living Light.

Emily Jane White. Frozen Garden.

Fews. 100 Goosebumps.

Half Japanese. That Is That.

HINDS. Chili Town.

Iska Dhaaf. Invisible Cities.

Japanese Breakfast. In Heaven.

Jozef Van Wissem. Ruins (feat. Zola Jesus).

Keren Ann. Where did you go?

Kyle Craft. Lady of the Ark.

La Sera. High Notes.

Plastic Flowers. Diver.

Suede. Outsiders.

Suuns. Translate.

Jenny Hval. Conceptual Romance.

Yumi Zouma. Short Truth.

Dakota Suite and Emanuele Errante. The North Green Down VI.

Bree Tranter. Tuesday Fresh Cuts.

Daughter. How.

The Kills. Heart of a dog.

Wymond Miles. Summer Rains.

Olafur Arnalds and Nils Frahm. 3:06.

Postiljonen. Wait.

Federico Durand. Hora de dormir.

Porches. Hour.

Wild Nothing. TV Queen.

Josephine Foster. A Thimbleful of Milk.

Turin Brakes. Keep Me Around.

Michael Kiwanuka. Black Man In A White World.

Still Corners. Lost Boys.

Garbage. Empty.

Villa Nah. Stranger.

Roses. Accessory.

Federico Albanese. Time Has Changed.

Chelsea Wolfe. Hypnos.

The Last Shadow Puppets. Everything You’ve Come To Expect.

Hope Sandoval And The Warm Inventions. Let Me Get There (ft. Kurt Vile).

Júníus Meyvant. Signals.

Marissa Nadler. The Best You Ever Had.

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La historia comienza por las plantas de sus pies

Publicada originalmente en Salto al reverso

SALTO AL REVERSO

Estoy sentado en el suelo de madera, apoyado contra la parte inferior de la cama, acabándome un porro  enrollado por él unos minutos antes. Lo ha hecho con una concentración inusual que, dada su personalidad extrovertida, incluso me ha parecido tierna. Llevo puesto un jeans ajustado y desteñido, lo heredé de mi hermano mayor cuando por fin decidió largarse de casa para continuar con su vida de forma independiente, dejando atrás un viejo baúl de madera con la ropa en desuso. Es la única prenda que llevo encima, y juego a ratitos con mis pezones descubiertos, tocándolos con la mano libre mientras exhalo el humo de la última jalada. Él en cambio está desnudo, tendido sobre la cama con el cuerpo descubierto.

Al principio me costó trabajo disimular mi embarazo, después terminé por aceptarlo. Se siente realmente cómodo andando de allá para acá en el pequeño apartamento como vino al…

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La casa de tus padres

Camino por las calles solitarias del centro de mi ciudad natal. He vuelto después de no sé cuánto tiempo, es medianoche y esta ciudad… de ella todo se ha ido. Camino y pienso, «es posible encontrarte si llamo a tu puerta». ¿Si decido detenerme, como haría en un sueño? Si fuera  capaz de arrancarle al destino… las horas que estuvimos separados. Avanzo por el callejón estrecho hacia el final del viejo barrio. Sin habérmelo propuesto, busco la casa de tus padres. Hace veinte o treinta años quizás, tu sonrisa infantil no fue suficiente. He visto tu cuerpo desnudo acercarse tantas veces, igual que ocurrió aquella tarde gris. Te he visto llevarte los dedos a la boca y mostrarme el sexo con timidez.

Me detengo unos metros antes por temor a ser descubierto. Hundo las manos frías hasta el fondo del abrigo… el fuego consumiéndome por dentro. «Un día estás aquí y después ya no», dijiste sin saber lo que ocurriría más tarde. Un paso te impulsa a dar otro paso, en un movimiento que parece no acabar. Si elevo la mirada al cielo indiferente… si le pido a Dios una explicación. Sé que él mantendrá su silencio. «Dios, ¿por qué no hablas conmigo?».

El gemido susurrante que nos despertó al amor no ha vuelo a adormecerse. Se han ido tus palabras… tus caricias también las he perdido. No alcanzo a comprender que la última vez… ya ha sido. Continúo yendo a la nada, divago y tú sigues sentada en el piso de madera, insegura después de haberlo hecho. Te ocultas la cara con el cabello y luego apoyas la barbilla contra tus piernas. El ceño fruncido expresa tu dolor y no hay nada que yo pueda hacer… ambos sabemos que el final se está acercando.

Pronto amanecerá. Pienso en esta distancia metafísica que se acorta en sueños, aunque no esté dormido. Mayo regresa y no soy el mismo. El abismo expandiéndose….  tu cuerpo recibiendo el mío, volviéndose uno como nuestra sola adolescencia compartida. Pequeñas gotas de sudor y manchas de sangre invaden la habitación, en este espacio circundante entre tu piel húmeda y la mía. «Quiero que me mires fijamente mientras lo haces. Quiero que te grabes mis gestos en la memoria. Conserva el instante antes de poseerme», me dijiste al oído con voz ansiosa y entrecortada por la excitación.

Si me asomo por la ventana… si rompo el cristal para llamar la atención. Perteneces aquí al igual que tu recuerdo. Silencio absoluto, escucho sólo mi respiración.

La misma calle que de niño recorrí tantas veces.
La misma soledad inescrutable.
El mismo sentimiento de ausencia… que transmite ahora la luz de los faros reflejada en el suelo encharcado.

Si echamos raíces, que habrán de perderse
tan frágiles como una hoja arrastrada por el viento sin dirección aparente.
Dijiste también que con el tiempo te olvidaría… y los seres humanos se equivocan.

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La verdad acerca de lo desconocido

Termino narrando el principio
y sabes qué puede excitarme más que tus piernas delicadas,
más incluso que tu vestido corto rozándote el pubis estrecho:
la verdad acerca de lo desconocido.

Te desvistes muy segura, pero vienes andando el camino incorrecto
sin disimular, apuntas directo hacia mí mordiéndote el labio
sin detenerte, no has interpretado esta señal, su significado:
la verdad acerca de lo desconocido.

Me desvisto lentamente, desandando el recorrido ya hecho
buscando a ambos lados de la acera, sudoroso la brisa
alguien más se desnuda contigo
vestía pantalones tallados y una cadena con anillo

Se desliza al ritmo, la velocidad del sonido
puede acabar en un segundo, un único desvarío
hasta recobrar el sentido y encontrarme a mí mismo
siniestro, sin perfil, mañana estará aguardando al fondo del callejón

La verdad acerca de lo desconocido

Con ambas manos en los bolsillos, termina su puro
y me invita a bailar, pero hermana
déjame acompañarte
te ves hermosa con los labios pintados

Invítame a un trago, a pasar la tarde contigo
mientras aún pueda soñar que no estarás sola
que estará también él, a tu lado el camino
se diluyen mis caprichos, me concedo tenerte

Cama para tres, vamos hermana
hay un poco más de ti, siempre puedo volver
en el sendero caluroso camino
sin rumbo fijo ni orientación

La verdad acerca de lo desconocido
un viaje, un sólo recorrido
esta noche él ha vuelto a fumar
solamente un poquito con los labios resecos
y su vista irritada entre escalofríos

…la verdad acerca de lo desconocido
…la verdad acerca de lo desconocido

 

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Imagen tomada de Tumblr, créditos desconocidos.

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La violencia del cariño

Vais a suponerlo.
Suponed que él y yo hablaremos en tono amistoso, confiado, tratando de intervenir cada recoveco, llamando la atención sobre cualquier vacío en la conversación al que resulte necesario volver para explayarse mejor. Aunque la verdad sea otra muy distinta, porque la fluidez nos ha sido vedada tiempo atrás y las pausas en nuestro diálogo cumplen a la perfección su rol normativo.

Me ha dicho que las palabras no son su fuerte. Lo dijo y de inmediato se ha quedado callado. Casi no le conozco y, sin embargo, puedo imaginar los atisbos de turbación en un ceño fruncido. Lo intuyo. La maldita manía de pensarlo todo dos veces, tan mía como de él. Podría estarme mintiendo y yo lo sabría sin hacer mayor esfuerzo. Su rostro se aparece ante mí igual que las veces anteriores, ajeno e inexpugnable. Sus facciones toscas en las que reconozco un instinto ermitaño de sobrevivencia. Sin relación aparente con el mundo de lo sublime, sé identificar en ese rostro la dulzura que la frialdad autoimpuesta busca encubrir. Mientras aguardo a que dé el siguiente paso, deslizo mis dedos por el borde de la ventana cubierta de polvo.

La violencia del cariño

Su voz es fina, escurridiza, proviene del fondo del auricular con tono inseguro. Es un muchacho de pueblo, no lo olvidéis. Ingenuo y rudimentario a la vez. Esa clase de ingenuidad que muchos de vosotros confundís con la ternura. Tened cuidado. No vaya a ser que el juicio rápido os conduzca a una interpretación errónea de su talante. No os comprometáis a creer en algo con tan poca información. Macizo como un cerro de pendiente pronunciada, podría estrangularme con sus manos grandes si quisiera. Ensayad una respuesta a todo esto, porque yo no alcanzo a comprenderlo todavía. ¿Os habéis preguntado por la violencia del cariño, cuando un golpe con el puño cerrado significa más que un acto voluntario? Yo sí, su naturaleza resulta un misterio.

Temeroso, se debate entre el deber y la fortuna. Si bien no resultan siempre incompatibles, al menos esta vez apuntan a objetivos diferentes. El duda si cumplirá la cuota de civilidad que requiere esta empresa, dibujada hasta ahora en la ficción de mi mente y cuyo único propósito es construir cimientos sobre terreno inestable. Ha aceptado, se ha convertido en mi cómplice.

Pronunció mi nombre y ha vuelto a guardar silencio. Me pregunto qué efecto habrá suscitado, cuáles son los pensamientos que toman forma en su cabeza en este instante. «Joaquín», alcanzó a decirme. Después fue sólo su respiración, un jadeo prolongado. Lo dejé ser, porque el silencio forzoso es también una bella forma de comunicar. La intensidad del día, la rutina pasajera: formas banales de darle rienda suelta a la cotidianeidad. Y mientras tanto, las horas se tiñen de oscuridad, la noche se manifiesta en forma de garúa y el viento se abre camino por entre las copas de los árboles más altos.

La violencia del cariño

El impasse llega a su fin y él retoma su faena. Conoce bien el personaje que está interpretando en esta ocasión. Ha estudiado las líneas con disciplina y detenimiento. Frases aprendidas durante largas estadías en la cama. Lo recuerdo así. Tendido e indispuesto, con las plantas de los pies desnudas, el aroma dulzón del sudor contaminando aquel ambiente desafiante. Qué osadía, la primera ocasión que lo he visto desvestirse. La mirada dimensionando el espacio circundante.
Denota una pasión fingida, sin acentuar las íes y los sonidos graves. Su voz corre como una gacela asediada y vuelve pronto a detenerse. «Esta noche imposible».

Me entretengo imaginándolo. De cierta manera, lo proyecto hacia el futuro. Vista desde acá, la calle luce solitaria y húmeda, como ocurre siempre que ha dejado de llover. La ilumina el faro a la distancia.
Llamadme hablador, pero puedo escuchar los latidos de su corazón acelerarse. No tardarán en llegar los sonidos guturales. Es lo único que tenemos, y si hoy terminara, es el último recuerdo que conservaríamos. Me he preparado para esta escena con anticipación.

El vino puede resultar embriagador al primer trago. Le vi moverse de forma agraciada en la pista de baile. No disimuló al buscar mi mirada, que tarde o temprano se encontraría con la suya. «¿Sigues ahí?», la voz desconfiada me hace volver a la realidad. ¿Acaso sospecha? Nos quedan unos cuantos minutos. Nunca es suficiente. Cada día un nuevo anhelo: ensoñaciones que regresan del pasado, porque en el fondo él y yo nos parecemos. Sus labios carnosos suelen agrietarse debido a la resequedad y el polvo que emana de la tierra, que no produce otra cosa que miseria y desolación en este paraíso decadente.

Dejo que el roce de su barba incipiente perturbe la fragilidad de mis tetillas erectas. Claro que sus caricias sólo tienen lugar en mi deseo infructuoso.
Suponedlo vosotros. Suponed lo difícil que resulta sobreponerse a la tentación. Acomodarse el pantalón cuando el lío está hecho y las películas en el edredón, más que manchas de fertilidad anulada, son la evidencia fútil de un encuentro postergado. He convenido que no insistiré. No en esta ocasión. Me preparo para dejarlo ir, aunque él permanezca en el mismo sitio y yo sea quien marche.

Tomaré el primer vuelo de la mañana, portando una pequeña maleta de piel que heredé de mi padre. Cuando él decida volver a llamar, el teléfono no dará timbre. Confundido, intentará buscarme. Y al tocar a la puerta, una anciana de rostro pálido y enjuto le invitará a pasar a través del estrecho zaguán que comunica con la pieza, disponible nuevamente para ser alquilada. «Joaquín», él repite mi nombre sin atreverse a colgar.

 

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*Fotografías propias:

  1. Una habitación con ventana.
  2. Pared, última visita.
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Hurgar en la herida abierta (escribir para sanar)

Esta es la tercera noche consecutiva que me siento frente a la computadora con la intención de escribir alguna frase, una oración, simplemente una línea, para revertir el hechizo, para conjurar al silencio que me arrebató las palabras. Pero no lo consigo. En el fondo, ¿qué es lo que busco expresar? ¿La ira, el dolor, el resentimiento? Todos los sentimientos se anudan entre sí, me aprietan el pecho y me impiden respirar. ¿Qué podría escribir? ¿Acaso una poesía para decirte lo siento? ¿O un relato breve para recordar quién fuiste en vida? Es extraña esta manía de escribirle a la nada, pero en el fondo, lo que realmente me causa temor, es hablarte con el pensamiento, para evadir el abismo que se abre entre los dos, para evitar la confrontación de la realidad. Me resisto, me niego a aceptarlo, y busco fuerzas en donde sé que no hallaré ninguna. Si cierro los ojos, es sólo para verte. Casi no duermo. El insomnio se ha convertido en mi fiel compañero en estas noches de hastío, cuando quien vino a visitarme se despide y la casa vuelve a ser de nosotros, de tu ausencia sostenida, prolongada junto al tiempo, que avanza lento, en la eternidad que ahora es también tu morada. Aguardo junto a la ventana, observando a través del cristal con vaho los carros que avanzan por la carrera, expectante a cualquier movimiento, con la esperanza de verte llegar. Un absurdo que sólo tiene sentido a causa de mi tristeza, de tu infortunio que se ha vuelto también mío. Porque no me dejaron verte… porque no me permitieron cuidarte… porque yo te perdoné y estabas demasiado lejos para escucharme. Si dijiste mi nombre… si reclamaste mi presencia… si sentiste deseos de abrazarme e inhalar mi aroma… no lo sabré nunca. Y a pesar del suplicio, tu partida es irremediable y absoluta como la imposibilidad. Un hasta luego suspendido… un nos vemos congelado. Desperté esta mañana y pude sentirte, tu cercanía casi corporal, y pensé que al abrir la puerta de la habitación te encontraría sentado en el sillón grande, junto a la chimenea. Pronunciarías entonces mi nombre y yo avanzaría hacia ti, muy despacio, tratando de acortar la distancia metafísica de nuestros corazones. Pero no ocurrió así. El movimiento arrollador de la desdicha pervierte mi consciencia, empaña mi visión, y no me permite pensar con claridad. Un segundo y mi existencia es otra, deshilachada, carcomida en las puntas, como un trozo de tela podrido.  No sé ya quién soy, de dónde vengo, porque lo poco que conocía, la verdad descubierta a través de tu alegría y tu frágil voluntad, hoy es sólo un conjunto de añicos, huesos desperdigados en un frío ataúd que yo no cargué. Siendo yo tu hijo a ellos no les ha importado. Se burlan de mí para prolongar tu muerte y matarte dos veces. Mientras tanto, no sé cómo expresar el dolor. ¿Cómo expiar la culpa ajena y el sufrimiento fortuito? Al irte tocaste la puerta, pediste ayuda mientras el veneno escurriría por tu pecho. Llamaste con voz conciliadora. Aún sin proponértelo, perpetraste el último recuerdo de nuestra relación incompleta, carente de certezas y explicaciones. Te fuiste sin haberme revelado los secretos de tu corazón, los miedos transmitidos por tus pesadillas. Pero creo saber lo que ocurrió. Tú, mi padre, con la ternura truncada, te detienes en el quicio de la puerta y te niegas a pasar. Volteas el rostro teñido de vergüenza y abandonas el pacto de fidelidad. Tú, mi padre, sin rumbo fijo, sin propósito de continuar, prefieres irte a tenerme. Me obligas a callar, me reclamas obediencia y condenas mi ilusión por el mañana. Indago en mi rostro las huellas de tu transitar por la tierra, acaricio tu memoria inmóvil a la esperar de un mejor futuro, le susurro a la fotografía para volver a sentir, porque soy un ser humano, y sé que la herida no cicatrizará si permito que el desdén me consuma desde adentro. Ahora, ¿es este el momento de dejarte partir? ¿O acaso el impasse del duelo en elaboración? El relato continúa… la historia se desdobla para reproducirse a sí misma… y muy pronto volveremos a encontrarnos.

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