La casa de tus padres

Camino por las calles solitarias del centro de mi ciudad natal. He vuelto después de no sé cuánto tiempo, es medianoche y esta ciudad… de ella todo se ha ido. Camino y pienso, «es posible encontrarte si llamo a tu puerta». ¿Si decido detenerme, como haría en un sueño? Si fuera  capaz de arrancarle al destino… las horas que estuvimos separados. Avanzo por el callejón estrecho hacia el final del viejo barrio. Sin habérmelo propuesto, busco la casa de tus padres. Hace veinte o treinta años quizás, tu sonrisa infantil no fue suficiente. He visto tu cuerpo desnudo acercarse tantas veces, igual que ocurrió aquella tarde gris. Te he visto llevarte los dedos a la boca y mostrarme el sexo con timidez.

Me detengo unos metros antes por temor a ser descubierto. Hundo las manos frías hasta el fondo del abrigo… el fuego consumiéndome por dentro. «Un día estás aquí y después ya no», dijiste sin saber lo que ocurriría más tarde. Un paso te impulsa a dar otro paso, en un movimiento que parece no acabar. Si elevo la mirada al cielo indiferente… si le pido a Dios una explicación. Sé que él mantendrá su silencio. «Dios, ¿por qué no hablas conmigo?».

El gemido susurrante que nos despertó al amor no ha vuelo a adormecerse. Se han ido tus palabras… tus caricias también las he perdido. No alcanzo a comprender que la última vez… ya ha sido. Continúo yendo a la nada, divago y tú sigues sentada en el piso de madera, insegura después de haberlo hecho. Te ocultas la cara con el cabello y luego apoyas la barbilla contra tus piernas. El ceño fruncido expresa tu dolor y no hay nada que yo pueda hacer… ambos sabemos que el final se está acercando.

Pronto amanecerá. Pienso en esta distancia metafísica que se acorta en sueños, aunque no esté dormido. Mayo regresa y no soy el mismo. El abismo expandiéndose….  tu cuerpo recibiendo el mío, volviéndose uno como nuestra sola adolescencia compartida. Pequeñas gotas de sudor y manchas de sangre invaden la habitación, en este espacio circundante entre tu piel húmeda y la mía. «Quiero que me mires fijamente mientras lo haces. Quiero que te grabes mis gestos en la memoria. Conserva el instante antes de poseerme», me dijiste al oído con voz ansiosa y entrecortada por la excitación.

Si me asomo por la ventana… si rompo el cristal para llamar la atención. Perteneces aquí al igual que tu recuerdo. Silencio absoluto, escucho sólo mi respiración.

La misma calle que de niño recorrí tantas veces.
La misma soledad inescrutable.
El mismo sentimiento de ausencia… que transmite ahora la luz de los faros reflejada en el suelo encharcado.

Si echamos raíces, que habrán de perderse
tan frágiles como una hoja arrastrada por el viento sin dirección aparente.
Dijiste también que con el tiempo te olvidaría… y los seres humanos se equivocan.

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Acerca de pussylanime

Costarricense. Amante de los libros, el café y los gatos.
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